Esa "cosa" es lo que hace cantar al tomeguín del pinar

domingo, 14 de enero de 2018

Lo que hace la diferencia



Por Elsie Carbó
grillosazules@gmail.com

El doctor Luis Manuel Martín Gil, a la derecha junto al estudiante Orlando Mederos
Hace poco fui a ver al médico por una dolencia entre ceja y ceja que me estaba molestando más de la cuenta. Había comenzado por una pacífica espinilla que no desapareció ni con las sucesivas manipulaciones o los tratamientos caseros que erróneamente le apliqué. De acuerdo, entonces fui remitida a cirugía menor del policlínico Rampa, el mismo que está en pleno Vedado capitalino, y en el cual trabaja desde el 2008, el doctor Luis Manuel Martín Gil, el cirujano Tito, como le suelen nombrar. No me gustaría que esta historia se viera como una tarea asignada o una estadística más de encomio para la institución de la salud, estoy muy lejos de eso,  se trata sencillamente de hacer honor a los verdaderos valores que deben engalanar la existencia de los seres humanos, sobre todo cuando tienen la vida y la salud de sus semejantes en sus manos, pues bien, llegué al policlínico y fui atendida sin dilación por Tito el cirujano. Quedé complacida y asombrada, luego el mismo me señaló
 el turno para la semana siguiente a mi visita. Confieso que me impresionó la rapidez de la gestión y más aún su cordialidad, siendo yo una desconocida paciente  en aquella abarrotada sala de espera del policlínico. Escucharlo hablar con aquella amabilidad, ver la atención con la que se enteró de mis explicaciones y mis miedos, y después su sencillez, la libertad de su sonrisa y la seguridad con la que me dijo que no tenía nada que temer, realmente hace pensar que ya de por sí una atención tan encantadora nos podría hacer pensar que habremos ganado el reino de los cielos, eso sin mencionar que a la siguiente semana regresé para verificar realmente que en un santiamén aquel molesto grano desaparececió de la faz de mi frente.
Así es la razón de esta historia, por eso le debo al doctor Martín Gil, estas pocas letras para agradecerle su labor en ese equipo médico y su excelencia como ser humano. La manera con que sin la más mínima muestra de superioridad o pedantería trata a sus pacientes es ya de por sí un rasgo personal que hace el contraste entre lo ético y el desierto. Y no solo lo digo por mi experiencia,  ya de antemano los elogios en la sala de espera cuando varios pacientes se referían a Tito con gran entusiasmo, calificándolo de buen cirujano y chévere persona. Es que en su consulta siempre hay pacientes que se fijan en todo y agradecen cuando un galeno les inspira confianza, son individuos que acuden para atenderse en cirugía menor, periférica, o en otras especialidades como la de oncología de piel, para las cuales, la experiencia de este médico, su dedicación y su popularidad entre los colegas, los amigos y pacientes, es lo que  determina a fin de cuentas el valor de la diferencia.
Me tomaron por sorpresa en la foto antes de la operación del pequeño quiste entre las cejas
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sábado, 30 de diciembre de 2017

Mi homenaje


Por Elsie Carbó
Hay palabras que a veces no llenan los espacios que una quisiera, hoy por ejemplo se cumplen dos años de la muerte de un gran doctor, Eugenio Selman Housein, un hombre entregado con pasión a todo lo que hizo en su vida, bien lo saben sus colegas del hospital Calixto García y otras tantas instituciones en los que desarrolló su labor como médico y como científico, también lo sabemos sus pacientes más devotos, sus amigos y los agradecidos que un día llegamos a él con el susto en los ojos y el corazón en la boca. Creo que nadie podría decir que no encontraron su palabra de aliento y sus manos de cirujano mágico ante una situación desesperada. Murió a los 85 años de edad, en medio de su última batalla por la vida y en campaña por llevar adelante el Club de los 120 años del que fuera fundador y promotor. Hablo de él en un día como hoy que se conmemora su muerte porque a las personas que una respeta y admira hay que recordarlos en todos los tiempos y en cualquier circunstancia, sobre todo por aquella espontánea cualidad que tenía de escuchar y darle consuelo a cualquier persona que lo abordara, ya fuera en una acera, en la calle o en un pasillo. Puedo mencionar muchos casos de los que fui testigo, uno de ellos lo tengo muy nítido en mi memoria y es uno por los que siempre pensé que Selma podría tener un don fuera de nuestra comprensión, una de esas facetas de la personalidad del individuo que lo hace especial como ser humano, y fue cuando mi madre enfermó de gravedad e ingresó en un hospital, según dijeron con un cáncer y avanzado, pero su operación se demoraba debido a problemas del propio hospital, entonces Selma se acercó a su cama, creo que mi madre ya no tenía ni fuerzas ni esperanzas de vivir, entonces él le dijo al oído en tono conspirativo, _Vas a estar bien, no te preocupes que tú no tienes nada, yo mañana te voy a operar. Y eso hizo, operó su vesícula al día siguiente. Creo que por eso mi madre le debe, aún a sus 95 años de edad, el agradecimiento eterno y unas flores en su tumba. Selma fue un excelente cirujano, doctor en Ciencias Médicas, Profesor de Mérito, e impulsor de la docencia e investigación, además estuvo dirigiendo por años el equipo médico de Fidel Castro.

Publicado el 8 de diciembre de 2017 las 20:35 ·

martes, 21 de noviembre de 2017

Menéndez Peláez, el legendario aviador cubano




Por Elsie Carbó

grillosazules@gmail.com

Los cineastas de mi país habían perdido de vista un tema apasionante que no dudo sería aplaudido por los públicos de todas las latitudes y premiado en todos los cónclaves donde se presentara, pero finalmente el cineasta Fidel Oliva estrenó hace poco un documental bajo el título Desafío a los cielos, que trata de la historia de un héroe de la aviación cubana que fue el primer piloto en realizar la hazaña de sobrevolar el Atlántico en el año 1936, saliendo desde un punto en Camagüey y aterrizando en Sevilla, España, piloteando un avión monomotor de cabina abierta, y sin ninguno de los modernos medios de comunicación y navegación de que hoy disponemos. No he visto su documental pero conozco desde mi infancia la historia. Saludo a su creador por este gesto de justicia y fidelidad a la historia de este héroe desconocido.

Siempre pensé que de realizarse este filme con todos los detalles de la vida de este hombre, su arriesgada proeza, e incluida su vida personal, llena de romance y amor, estoy segura que se convertiría en un clásico inolvidable como lo ha sido La bella del Alambra o quizás, la vida de Bobby Fisher, ¿Por qué no? Sabemos que mientras unos y otros redoblan esfuerzos por presentar los avatares contemporáneos de este país, con defectos y virtudes, más de los primeros casi siempre, se pierde de vista el rico caudal cinematográfico que se lograría si se narraran los contratiempos, osadías y valores éticos de hombres como Antonio Menéndez Peláez, en su breve paso por la historia de Cuba.

Yo no había nacido aún cuando el famoso piloto  se casó con la cumanayagüense Ofelia García Brugueras, pero aquella boda dio tanto que hablar en el pueblo que su leyenda me tocó desde los primeros años en que comencé a pasear por una de las calles del pueblo que lleva su nombre, con atenta devoción escuchaba las anécdotas donde se relataban sus aventuras surcando los cielos y dejándole caer manojos de flores a la novia en el portal de su casa, y hasta me imaginaba que era el dueño de las nubes. Hasta hoy todo lo recuerdo como un reflujo lujoso donde el ídolo atravesaba de nuevo el Atlántico en compañía de la fotografía de una linda muchacha oriunda de Cumanayagüa, que lo esperaría por siempre sabiendo que nadie nunca podría vencer la tenacidad con la que aquel teniente de la marina enfrentaba cualquier propósito en su vida. Y así fue en cada uno de sus viajes solitarios  tratando de implantar los récords más desconocidos del universo, siendo el primero en realizar la proeza de sobrevolar el Océano Atlántico en el año1936, desde Camagüey hasta Sevilla, hasta que en 1937 lo sorprende la muerte en Colombia.

Del matrimonio de Peláez con la Ofelia nació un niño al que todos conocieron en Cumanayagüa como el gallego Menéndez, que no hace mucho también falleció, lo recuerdo alto, delgado, locuaz, buen amigo de todos en el pueblo, manejando camiones y otros vehículos, quizás el estigma de un padre poderoso como un dios lo persiguió toda la vida por aquellas mismas calles que ellos recorrieron tomados de las manos, en aquellos domingos de fiesta en que las familias se reunían a conversar en el Prado. Antonio Menéndez Peláez había nacido el 4 de diciembre de 1902 en Santa Eulalia de Riveras, eso es en Asturias, España, pero emigró a Cuba con sus padres a los 14 años de edad, radicándose en la provincia de Cienfuegos, a pocos kilómetros de Cumanayagüa, adonde realizaba viajes de recreo hasta que un día conoció a Ofelia, con la que inició un noviazgo en medio de sus preparativos para aquel legendario primer vuelo.

Peláez no nació en Cumanayagüa pero se quedó desde muy temprano en la zona, y para  muchos es considerado un paisano más en el pueblo, hasta el punto que después que fuera aprobado aquel vuelo, que partió de Camagüey con un despegue en 17 segundos y que fuera presenciado por diez mil personas un domingo 12 de enero de 1936, para concluir en Sevilla a las 5 y 25 pm del 14 de febrero, los cumanayagüenses lo celebraron en el parque con un festejo que duró hasta entrada la noche, y hay quien afirma que alguien puso flores ante la puerta de su amada Ofelia, enviadas a nombre del piloto desde su avión, nombrado 4 de Septiembre, enmarcado como Lockheed Sirius 88.

Por eso siento pena de que las nuevas generaciones no conozcan el legado de este audaz  individuo que a pesar de los honores ganados, pues las fuerzas armadas españolas lo condecoraron con la Cruz del Mérito Militar y la Cruz del Mérito Naval, y el Ejército cubano le anunció desde La Habana su ascenso a primer teniente, y se le impuso la más alta condecoración que se daba en Cuba en esa época, la medalla Carlos Manuel de Céspedes, siempre me ha parecido que fue y sigue siendo un héroe olvidado. Quizás una calle o algún busto lo recuerden, pero la recordación se va extinguiendo con el paso de los años y en las nuevas tecnologías se va perdiendo su rastro. Pienso que habría que motivarlos de alguna manera, y una película quedaría para siempre en la historia y los jóvenes sabrían que antes de ellos hubo hombres llenos de romanticismo y valentía que protagonizaron acontecimientos que se consideran como una de las páginas más gloriosas en la historia de la aviación cubana.

Solo una idea de cómo fue ese primer vuelo que realizó Peláez completamente solo, es la marca que hizo en el recorrido de más de 7000 millas, en 9 etapas, empleando para ello 33 días, 10 horas y 20 minutos, a razón de unas 115 millas por hora y en un tiempo total de vuelo de 61 horas. Esto lo convirtió en el primer aviador de habla hispana en cruzar el océano Atlántico. La travesía más peligrosa, la realizó después desde la ciudad brasileña de Natal hasta Dakar, capital de Senegal, al norte de Africa, entre otras muchas que realizó en su corta vida, hasta su muerte en ese accidente el 29 de diciembre de1937, en el aeródromo de Cali, pocos minutos después de elevarse la Escuadrilla Panamericana conformada por tres aviones de Cuba, que recorrería la América, desde Colombia. Su avión, el Santa María, se precipitó a tierra, y los otros dos también cayeron envueltos en llamas, Antonio Menéndez Pélaez y sus dos acompañantes murieron, así como el resto de los cuatro cubanos que lo acompañaban, encajonados por el mal tiempo entre las montañas, unos segundos después de despegar.

Por estos días he escuchado que se estrenó el documental de Fidel Oliva en el cine, algo dijo la televisión, se habla del piloto cubano y su épica hazaña, y saludo la iniciativa tanto como los propios familiares. Tal vez este film tenga la suerte de que se repita o la televisión lo estrene en uno de esos días. por lo pronto se que en algún lugar distante habrá otras conmemoraciones en diciembre, algún acto con motivo de su cumpleaños, justo y merecido, después de tantos años de silencio e indiferencia. De lo que estoy segura es que en Cumanayagüa siempre habrá  flores para su evocación, aunque ya Ofelia no esté en el portal de su casa para recibirlas como recuerdo del eterno amor de su piloto amado.



domingo, 15 de octubre de 2017

El regreso de la novia de David

La abuela de María Isabel Díaz
La nieta de Martica de la Cruz
Elsie Carbó
grillosazules@gmail.com

Cosas de la vida. La alegría que me produjo ver a la actriz María Isabel Díaz de nuevo en nuestra televisión ha sido muy grata, me hizo recordar a una entrañable amiga de la infancia, compañera de colegio y de juegos, Martica de la Cruz, y ella tampoco debe estar ajena a la felicidad de María Isabel por Volver otra vez a filmar en Cuba, parafraseando a Almodovar, porque es su abuela, y de ella sale esa savia intensa que la hace reverdecer en todos los pasos que se propone dar, porque igual que su abuela, María Isabel heredó esa magia de la ubicuidad y el desenfado. Se que la felicidad de tener una nieta querida y aplaudida no tiene palabras exactas, pero se también que allá donde vive actualmente es una mujer feliz. Ahora hablo de la actriz y les diré que hasta yo me sentí dichosa de haber conocido a aquella niña que estudiaba en la misma escuela secundaria de mi hijo en Cumanayagua, fue la película Una novia para David, la que la sacó a la luz pública y todos se fijaron en ella por su centrada y sentida actuación, fue la película cubana que hizo soñar a muchos y la que lanzó al mundo cinematográficos a unos cuántos jóvenes de aquella generación, hoy en las entrevistas que le hacen a María Isabel se habla menos de esta  incursión en la gran pantalla a los 18 años, que fue su primer motivo para adentrarse en este radiante mundo e ingresar en la escuela de arte, solo se menciona entre otras Volver, de Almodovar, o Un otoño sin Berlín, y la última, donde la propia María dice que “Vis a Vis” es una gran serie de televisión, con una factura de primera categoría y con un nivel estético y de guión muy elevado. Excelente reparto y maravillosos personajes. Para mí profesionalmente todo es positivo. Soledad es un personaje lleno de matices y de luces y sombras que me plantea hacer un trabajo a la altura de su humana dimensión.
Pero mi intensión era también hablar más de la abuela de María Isabel,  porque además de ser la abuela de esta joven talentosa que ha regresado a La Habana para filmar otra vez en su tierra natal, es mi amiga de los años, y esa es una condición indiscutible porque se trata de lazos de amistad de muchos años, y pensandolo bien, hay algo de cierto en eso que dicen que aquellos sueños que soñamos para una, alguna vez se realizan en nuestros hijos o nietos, y ese es el caso, Martica era la artista del colegio, la niña que llamaban para hablar, bailar o cantar en el acto de fin de curso, o llevar el redoblante en la banda musical, en todo se destacaba, era a fin de cuentas la más popular. Por eso digo que María Isabel heredó de su abuela todo ese ingenio de vida, y esa expresión mágica e inimitable que lleva en su sangre  como actriz. Creo que de haberle tocado esta época ambas compartirían juntas el gran escenario.

sábado, 5 de agosto de 2017

Pasteles, y no son verdes




Elsie Carbó

Hoy comí unos excelentes pasteles, y no eran de la panadería del estado. Me gustaría poder decir que los pasteles que vende el estado en la panadería de Panorama y Lombillo son iguales o mejores que los que oferta el cuentapropista  en su carretilla, a quien le compré unos pastelitos riquísimos, que se deshacen en la boca, son suaves y tienen suficiente dulce de guayaba como para que te comas una docena, pues valen solo un peso en moneda nacional, pero no puedo decirlo.

Y  es que la calidad de un producto es la que lleva al consumidor a preferirla. Sin embargo, ahí es dónde está el meollo de la cuestión, porque a dureza y resistencia no hay pastel que le gane al de Lombillo y Panorama, además de la ausencia de la guayaba, me pregunto: Es que acaso los ingredientes no son los mismos? Cómo puede un pastel perder su textura y razón de ser en manos de los expertos dulceros, que hasta han sido seleccionados trabajadores vanguardia en su unidad? No digo que ese centro de elaboración no cumpla con sus normas o mal utilice los productos que tiene para trabajar, pero de que no le salen como es debido los pasteles es una gran verdad que solo la pueden desmentir ellos mismos mejorando la oferta.   

Y precisamente en estos momentos en que se está remodelando o sistematizando el asunto de las licencias a los cuentapropistas, según se dice para acabar con las ilegalidades y otras yerbas malas que se propagan,  yo me digo, si también esos acomodos llegaran al sector estatal para mejorar la calidad de lo que nos venden sería una maravilla, porque a pesar de que ya nos hemos acostumbrado a la chapucería y a la mala presentación de los productos, cuando nos encontramos con un buen pastel todavía sabemos inmediatamente dónde está la diferencia.